viernes, 19 de julio de 2013

TRASNOCHANDO 2013

Gracias a los "trasnochadores" que han acudido a las lecturas estas tres noches, al Museo de la Ciudad y a la organización de Trasnochando por darme la oportunidad de estar. Os dejo el poema que leí.

EFERVESCENCIA

Recuerdo nuestra efervescencia.
Y las canciones, prendidas a nosotras
como flores
jugosas y prietas, rendidas
a la incontinencia de un tiempo, de una moda;
de un “aquí” y un “ahora”.

Pudimos ser todo
o nada. Entonces las cosas estaban así:
nos fascinaban las catástrofes.
Entramos en la noche
con el oficio más brillante: protegiendo la claridad.
Apurando,
porque sabíamos que al día siguiente
el vaso estaría lleno.
Pisamos con pies descalzos y ademanes de princesas
aquella mierda de mundo, estrecho y disparatado,
amanecido bajo soles de neón y vapores
de alcohol, tabaco y música.

Nadie se tomó tan en serio la juventud
como nosotras.
A veces, un disc-jokey romántico pincha en su emisora,
alguno de aquellos hits que tanto nos hicieron bailar.
Entonces, subo el volumen de la radio en el auto
y canto, canto como si la vida me fuera en ello
mientras regreso a casa. (Ya sabes,
siempre estoy regresando a casa.)
La voz del locutor recupera su protagonismo, y la melodía
expira vertiginosamente.

Ya no estamos todos –pienso.

Nadie nos advirtió del precio que pagaríamos
por escoger la pareja de baile equivocada.
Aquella porquería que comenzó con humo y risas
y se despidió con jeringuillas y llantos.

Hoy siento –salvajemente-
el roce áspero del mundo. Los años no pasan en vano,
desgastan hasta dejarnos en carne viva; ¡tan expuestos!
Todo se relativiza;
vivir es más brutal hoy que ayer,
porque mañana responde a una probabilidad ingobernable.
Pero aquellos años de juventud fueron nuestros.
Como nuestra fue la efervescencia y nuestras
fueron las canciones; también con las canciones.