martes, 23 de mayo de 2017

EL ASOMBRO Y EL POEMA.

El poema ha de construirse desde el asombro. Es ahí donde se escriben -aún sin palabras- los primeros versos del poema.
No hablo de curiosidad. La curiosidad alberga un deseo de complacencia, de respuesta. La curiosidad es el principio de una búsqueda; anhela reciprocidad.
Mirar el mundo con asombro devuelve preguntas, plantea dudas, desordena; no da respuestas: incita a la pregunta.
Primero está el asombro: el arrebato de la sorpresa, y luego, horas, días o meses después, se revela el desorden fruto del asombro. En ese ejercicio de vestir con palabras las secuelas del asombro, nace la intención del poema. No hay intención si antes no hubo asombro.
En el papel, el poema se descubre, atento siempre a lo de fuera y a lo de dentro. No con la mirada de la búsqueda, sino con la del encuentro.

lunes, 15 de mayo de 2017

RASPABOOK CUMPLE AÑOS

La editorial Raspabook celebra 4 años de andadura. Que la tinta nos siga dando alegrías. Felicidades chicos!!https://vimeo.com/217454097

viernes, 5 de mayo de 2017

HUERTO POÉTICO

En tierras leridanas Jaume Suau tiene un huerto en el que cada árbol ha germinado junto a los versos de algún poeta. Poema y semilla se hunden en la tierra para crecer. Es una historia llena de belleza en la que un poema de "Yo soy un país" ha florecido siendo cerezo esta primavera. Gracias, Jaume, por invitarme a ser parte de esta historia de tierra, tinta y luz. Enhorabuena por el proyecto.

domingo, 23 de abril de 2017

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2017

No te salves. Benedetti. Raspabook Día del Libro 2017.
https://vimeo.com/214181061

viernes, 24 de marzo de 2017

456 DÍAS EN BUENOS AIRES.

Hoy sé que partiré de esta ciudad siendo más sabía que cuando llegué. Es una de esas certeza que la mente erige con arrebatadora contundencia, y nada queda al otro lado.
Es curioso, cuando llegué a Buenos Aires, el pueblo reivindicaba en las calles la defensa de la educación pública. Lo gritaba masivamente, atorando avenidas y plazas en una marcha que sumió la ciudad en un caos y la hizo -por horas- intransitable. Más aún para una recién llegada como yo.
Descuidé mis ausencias: los míos al otro lado del océano, y viví Buenos Aires con una entrega expectante y apasionada fruto de la efervescencia que latía en la ciudad.
Luego llegaste tú, dos semanas después, dispuesto a descubrir Buenos Aires por mis inexpertos ojos bonarenses. Y no deja de ser curioso también, que lo primero que vieras tras el encuentro en el aeropuerto, las tres atentas a tu llegada, fuese el Parque de la Memoria. Un recuerdo al dolor y al daño tan irreparable siempre y ahora, tan cuestionado en su derecho.
No habrá otro día en Buenos Aires tras mañana, veinticuatro de marzo. Quizás las certezas, pese a su impronta de absoluta verdad, precisen de ciertos guiños caprichosos para demostrar su natural poder providencial y luminoso. Quizás; no sé. Porque llegaste aquí y te recibió una memoria de dolor y daño frente al Río de la Plata, la misma que te despedirá mañana dando voz en las calles al silencio que te dio la bienvenida en el paseo que nombra las vidas truncadas cuando todo era horror.
Es el mismo tipo de certeza que me lleva a asegurar que partiré mañana de una ciudad que me recibió pidiendo a gritos que no usurparan su educación, siendo otra mujer distinta y mejor. Curioso, sí, ellos gritan su derecho a la educación y yo siento que parto más sabia.

viernes, 24 de febrero de 2017

LA CASA DEL ÁRBOL


La única religión que he sabido explicarle a mis hijos
tiene por reino un árbol frondoso, algo de cuerda
y buena madera.
En la oscuridad del cuarto, cuando la noche convoca
los miedos de Iván para Iván, la cama es útero y es cueva que crea
y cura la angustia que nos cobija,
Aturdido y erizado, pega su lomo a mi pecho y yo,
aspiro su dulce olor animal.
Lo aspiro con ansia, como el depredador que olfatea enloquecido
un rastro, ése hilo pegajoso e invisible que ata su hocico
a la tierra y lo arrastra -sin tregua- hasta el hallazgo.
Así te respiro.
En esa intimidad construimos con pericia la casa
que nos salvará del desastre, porque no hay cura
si antes no hubo herida.
Escogemos el ramal que sostendrá el suelo, las poleas
que elevarán los frutos, el agua, la caza; todo el sustento.
Inventamos la escalera que nos acercará a la tierra.
Edificamos hasta que el sueño nos vence y el terror
se disipa y vuelve al padre del terror que lo guardará
hasta la noche de mañana, y la de pasado mañana,
y la del día siguiente a pasado mañana.
Es su forma de castigar nuestra soberbia por vivir.
No es mucho lo que les dejo.
Una casa en un árbol que apenas soporta
la embestida del día. Obligados a elevar un reino caduco
que solo alcanza a temperar su miedo a lo oscuro.
Mis criaturas salvajes olfateando el hilo pegajoso de un rastro de luz invisible y falaz
que doblegará sus hocicos a la tierra en espera del macabro hallazgo. 
No es mucho, lo sé,
pero es la única religión que he sabido explicarle a mis hijos.
Todo lo que no es selva, es muerte.

miércoles, 15 de febrero de 2017

CAMBIO DE TEMPORADA


Observo la montaña de camisetas que dejé esta mañana dispuestas
sobre tu cama para sustituir los jerséis aún colgados del ropero, y pienso
en las libélulas; en la vida anfibia de las libélulas.
En su infancia, como larvas, inmersas
en un medio acuático, cambiando la camisa una y otra vez,
hasta llegar a la última, la más grande de todas: la exuvia.
La larva abandona su última muda, sale del agua y
extiende por vez primera sus alas. Emergencia.
Este hecho se conoce así: Emergencia.
Y es extraordinario que un animal
que hasta ese momento ha vivido en el agua:
respirando en ella y cazando animales acuáticos pase,
en cuestión de minutos, a respirar en el aire,
cazar presas que jamás ha visto y volar con una destreza
que no es comparable a ninguna otra especie animal. 

Mientras apilo las camisetas que guardé al final del pasado verano
y que éste ya no usarás, pienso en las libélulas y su truncada vida anfibia.
Catástrofe. Este hecho se conoce así.
Sucede en cuestión de días.
La madre dobla cuidadosamente la exuvia mientras el cachorro
muda la voz, arremete contra presas que jamás había visto
y vuela por el cuarto con una destreza
que ninguno de los dos alcanzó prever.